VOLVER A LA PARADOJA
POEMA A LAS MENTES DE LA GENERACION DE JARON LANIER
"Mis ojos son los ojos en sus ojos; mis manos son
las manos en sus manos"
Jacobo Fijman, en Hecho de Estampas
El verso largo es una rabia pasajera, un robot adormecido en
mis testículos
una caricia virtual que oprime mi memoria,
una jaula para los mundos sintéticos, los huecos alternativos
y los cyberespacios.
Virtuales han sido las escenas del serbio-asesinato en
Sarajevo, puestas en pantalla como un culebrón que
no acababa nunca
incluyendo hijos de madres violadas por padres de otros
hijos,
con sonido en vivo de los gritos de terror
y el brillo aún humeante de sudores en el mejor estilo de los
Reality-Show,
mientras en las tiendas Cybersex nuestros trajes se apasionan
colgados sobre las perchas
sin que nadie ponga límites al tacto.
No hubo tal infierno de fronteras con el LSD,
un mundo pobre en recursos y formas
inyectaba en ese entonces Napalm, comunas, arte pop, ropa de
algodón, amor libre y guerra fría
y descubría mundos que estaban todos de este lado de la
barrera occidental
que defendían James Bond, Napoleon Solo y Richard Nixon a
orillas mismas del Potomac;
un limitado mundo físico en el que seguimos inmersos entre
sonidos de músicas aborígenes
cuyas mejores maderas se han convertido en manuales de uso
para órganos electrónicos con sus sistemas MIDI mientras
lectores rabiosos de Allen Ginsberg duermen en las
calles de San Francisco,
a la búsqueda de los rincones de poder en boca de Don Juán al
Norte de la frontera que nunca han cruzado los aborígenes
con sus alas y sus instrumentos mojados.
El hijo de la Cientología proclama que la información es una
experiencia alienante
y los artistas plásticos tiemblan en medio de sus orgasmos
cyber-conceptuales,
el hijo de la Iglesia construye castillos de arena en el
desierto de Nuevo Mexico
mientras su ordenador anclado en una alta torre espera la
llegada del Príncipe Salvador;
pero no hay Mesías en el mundo exterior
sólo un estado de vigilia constante dentro tuyo,
un nuevo nivel de realidad en el que te mantienes en silencio
porque el cyber-espacio comunicativo aún no conoce las
palabras.
Déjale decirte lo más importante: entras a una realidad
virtual que es la vida del grupo
una forma de estar manteniéndote estático;
ya no basta con ver la otra realidad, pasear entre los
objetos, reconocer desde dónde te están hablando
se trata de tocar y sentir sin tocar ni sentir,
ciegos por no ver más que lo visualizado,
sordos y mudos, por la esperanza de que la imagen tenga un
sólo compromiso con los colores y sus verbos.
Nunca confundas la Realidad en la que te encuentras,
siempre podrás tocar la máscara que contiene las pantallas
aunque te acose un trío de yonquis tocando saxo, guitarra y
contrabajo.
Bienaventuradas las metáforas que logran hacer olvidar las
diferencias,
bienaventurada la triangulacion, que permite seguir el
movimiento de las pupilas,
bienaventurada la Biónica, que ha construido estrechos
interfaces de entendimiento
entre el cerebro y la electrónica.
Más cosas te dice el Rey ungido por el vacío que han dejado
varias décadas
de una inocencia estupefacta que no provoca misericordia
sino apenas nostalgia:
cuando aumentas la eficiencia, decrece la creatividad, te
dice desde su trono
mientras se acaricia el peinado de Bob Marley con su guante
derecho;
y cuando una escultora de caderas estrechas y largos cabellos
rojos le lame el cuello con acento de Berkeley,
el Rey contesta en argot de Little-Rock, mientras afina su
guitarra acústica
que no está intentando derrotar al sistema,
tan sólo tratando de inspirarlo.
Una pequeña fuente de rayos infrarrojos ilumina su córnea
reflejando la luz que abandonan a su paso
manadas de motocicletas japonesas importadas disfrazadas de
toreros
montadas por jinetes solitarios en el paro
que despilfarran su subsidio pagado directamente por la
dialéctica alemana que hizo historia haciendo Historia,
viviendo los meses pares en una suite del Hotel Ritz
y los meses impares mudándose a los sótanos del Museo del
Prado
sólo por incordiar y asustar a los turistas austríacos y
enorgullecer a los turistas japoneses
bailando por bulerías con sus motos japonesas importadas
que rugen con acento de Oklahoma
y se duermen como cachorros de gato
en los brazos de las monjas que se atreven a arrullar al
animal que llevan dentro.
Decían que buscaban un lenguaje para las máquinas
y descubrieron que podían proyectar imágenes virtuales
directamente sobre el ojo,
barrer la retina mediante rayos laser
como se barre la cultura bajo las moquetas en las capitales
de la diplomacia,
barrer la memoria de sólo lectura como se barren las crisis
y los sistemas bursátiles
y el eterno malestar que confunde y no hace más que generar
preguntas
en un modelo de desorden similar a un Palo de la Suerte de
Brasil clavado en el ventrículo izquierdo de un verdugo:
una suerte para la víctima, un tumor para el sistema
y un dolor para el ventrículo derecho que se muere solo.
Medir, grabar y analizar la dirección de la mirada:
la práctica de acciones en el mundo virtual permite
mejorar la expresividad del mundo físico
y organizar excursiones de la Tercera Edad a la Comuna de
Paris, al Gran Cañón y al Titi-Caca
pero también a las calles de Pekin, de Haití y de Campuchea,
¿y podremos oler como se pudren los bebés con sus vientres
hinchados, tan pasados de moda, tan años sesenta?
¿y podremos oir las moscas que pululan alrededor de los niños
moribundos en el centro de Africa, mientras ven caer del
cielo paracaídas multicolores con comida preparada recién
parida en un horno de microondas?
¿y podremos soportar la burbujeante pastilla efervescente que
hecha el señor Embajador en su copa de cristal, tras la
cena de apoyo al Frente Paralelo?
Yo he visto a mi generación y no la he visto
porque en lugar de cascos en la cabeza tenía centralismos
democráticos
y en lugar de guantes cableados acariciaba un programa
que incluía una visita en Londres a la tumba común de Marx y
su familia que no soportó el invierno frío y húmedo,
con un grupo de turistas solidarios
y la cabeza cargada de tirachinas de plata,
sembrando peyote alrededor de su tumba
en memoria de los americanos que huyeron a Canadá para no
luchar en Vietnam
y poniendo un puro en su boca en memoria de las camisetas
del Che Guevara,
mientras los polacos, los chinos y un rumano sacaban fotos
emocionados
y lágrimas saladas lloraban por su futuro
donde caían los muros y la niebla londinense ocultaba el
germen de los Versos Satánicos.
A la vuelta de tanto viaje anunciamos un largo día de cólera
y no se de dónde sacamos fuerzas para semejante anuncio,
como cualquier profeta de la América profunda que pronostica
el fin del mundo para pasado mañana
y escucha las trompetas de Jericó a las puertas de su granja
mientras las rameras entretienen a los espías cumpliendo las
consignas de Satán,
Él amenazó, Él nos advirtió, Él nos preparó para recibir el
castigo,
nos sirvió el maná en bandejas de oro y pantallas cinemascope
hundió los sueños de la generación del Submarino Amarillo, La
Sociedad Carnívora, Los Condenados de la Tierra y la
Lycra
y cuando arrojó para siempre del Edén a los sifones
dejó un hueco que siguen explorando desde las pirámides
aztecas hasta la cima del Monte Ararat
los científicos de la articulación del inconciente y el
lenguaje, de la mercadotecnia y de la política
regional.
Pequeños mundos inmersos en sueños imperiales,
capitales surcadas por ríos de sangre bajo esos puentes
que alguna vez atravesaron a galope valientes mensajeros
dispuestos a matar o morir y llevar consigo el secreto a la
tumba
y sobre los que otras veces marcharon los tejedores de seda
de Lyon
yendo a quemar los telares industriales del futuro y a sus
inventores,
pero también cruzaron raudamente en sus carrozas los más
diversos amantes
que volaban a liberar sus deseos en algún refugio cómplice
aquellas tardes mercantiles en que los maridos se dedican
afanosamente a sus negocios,
y enamorados silenciosos de a pie y mercaderes de basura y
soldados que volvían de una guerra
y pintores que odiaban pintar sobre los puentes
con pintores que amaban emborracharse en cualquier sitio
y emigrantes que añoraban su terruño
y otros emigrantes que habían borrado su lengua materna
y no querían recordar siquiera el nombre de su pueblo por
tanto odio
Dios, por tanto llanto derramado sobre el río de sangre que
atraviesa sus memorias.
Tanto ir de aquí para allí y de allí para aquí
tanto dinero sin color, sin patria, sin fronteras
tanta libertad de capital y tantos excedentes para contenerla,
piratas de fin de siglo desde los fiordos del Norte a los
mares del Sur,
a la caza del exilio sin techo
remando hacia las costas sutiles del Mundo Libre a la
búsqueda de vitaminas
de los premios de la Academia, de oligoelementos minerales y
de conciertos de Sting y Peter Gabriel,
para indagar y descubrir a través de los agujeros del ozono
de dónde venimos, hacia dónde vamos
y por sobre todo quién nos obliga a soportar el sonido
digital de las tribus amazónicas al Sur del Orinoco
y cuándo acabar la escalada de decibelios convertida en
Torre de Babel de nuestro siglo.
¿Será capaz el hombre un día de sustituir la máquina, de
cruzar el puente de los siglos nuevos, sobre un caballo
azul, hacia la madrugada?
Señor que estás en los espacios virtuales, hijo del MOMA, de
Treblinka y de la Bolsa de New York
Talismán de la civilización Occidental,
libéranos del casco azul con sus pantallas adosadas y del
guante de Onán,
permite que la felicidad y el dolor concretos, que el placer
y la barbarie, florezcan y se pudran
y huelan y nos mojen de verdad.
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Poemas
El verso es una flecha, para herir en el alma
